[Lunes, 7 de la tarde. En el sofá con el ordenador terminando un trabajo. Suena el teléfono.]
- ¿Sí?
- ...
- ¿Hola?
- ... Hola
- ¿Quién es?
- Uy, creo que me he equivocado, ¿verdad?
- Pues yo creo que sí, pero no sé, ¿a quién llamabas?
- Yo soy Elena. Sí, me he equivocado.
- Ah, bueno, pues nada, adiós.
- ¡Espera! Te digo el número al que he llamado a ver si era el tuyo.
- Venga.
- El 952...
- Pues sí, es mi teléfono. ¿Con quién querías hablar?
- No, es que no tengo el número bien apuntado. El último número no lo tengo, así que estoy probando. Ya he llamado a otro teléfono y me ha cogido una señora mayor que me ha echado a los perros. Me ha dicho que no eran horas y me ha colgado tan rápido que no me ha dado ni tiempo a despedirme.
- JAJAJAJAJA
- Pero tú has sido más simpática. Era un número al que yo llamaba mucho y me lo sabía de memoria. Y ahora, quería hablar, porque tengo ganas de hablar, se me nota, ¿no?
- Sí, se te nota. Bueno, pues suerte. ¡Ya te quedan menos números!
- Sí, sí, ya me quedan menos. Es que verás, yo sé que ahora hay mucha gente mal... pero yo estoy pasando una mala racha ahora...
- (!) Ahm...
- Oye, ¿y tú cómo te llamas?
- Yo Nadia.
- Ah, Nadia, encantada. Yo, Elena.
- Sí, sí, me lo has dicho. Encantada, Elena.
- Bueno pues mira, es que mi pareja me acaba de dejar. Llevaba ya cuatro años viviendo con este hombre. Nos fuimos a vivir juntos a los siete meses. Y claro, ahora me ha dejado. Desde hace un año yo lo notaba cambiado, muy cambiado. Ya no tenía ganas de hacer nada, nada le venía bien. Y dice que es que ya no quiere, que está agobiado... Pero vamos, cuando uno da un paso tan importante se lo tiene que pensar mejor, ¿verdad?
- Hombre, pues sí.
- Tú vives en Alhaurín, ¿no?
- Sí.
- Yo vivo en Teatinos. Soy esteticién y me gusta la música, viajar, conocer gente... vamos, lo normal. ¿Qué te voy a decir yo? Pues todas las cosas buenas.
- Jajaja ya veo, ya...
- ¿Cuántos años crees que tengo?
- Ni idea.
- Venga, di tres números a ver si lo adivinas.
- Mmmmnnnn 40.
- Uy, caliente, caliente.
- 43.
- Caliente, caliente.
- 45.
- Caliente, caliente.
- Pues no sé, Elena, dime.
- 44.
- Vaya, me he quedado cerca.
- ¿Y tú?
- 30.
- Ah, pues yo 44 para 45. En septiembre cumplo. Soy Libra. ¿Y tú, qué horóscopo eres?
- Yo, Piscis.
- De marzo, ¿no?
- De febrero.
- Ah, ¿y tienes pareja?
- Qué va.
- Pues mejor, a vivir la vida, como se suele decir.
- Pues sí...
- Oye, te voy a dar mi móvil por si me quieres llamar algún día para hablar, que aquí en Teatinos tienes a una amiga. Elena, esteticién, hago limpiezas de cutis, manicura, pedicura, relajación, masajes. ¿Tienes para apuntar?
- Sí, dime.
- 6...
- Bueno, pues mira Elena, te voy a dejar ya, que estoy bastante liada y no puedo quedarme hablando.
- Ah, estás estresadilla, ¿no?
- Un poco, sí.
- Pues mira, te voy a hacer una relajación telefónica en agradecimiento por haber hablado conmigo y así ya sigues la tarde estupendamente.
- ...
- A ver, tienes que ir haciendo todo lo que te digo. ¿Me entiendes?
- Sí, dime.
- Estira las piernas.
- ...
- ¿Ya?
- Sí.
- Ahora, apoya la espalda en la silla o en el sofá, no sé dónde estás.
- Ya.
- Echa el cuello para atrás para poder respirar bien. ¿Ya?
- Sí.
- Pégate el teléfono a la boca que no escucho.
- ¿Ahora?
- Sí.
- Ahora tienes que respirar profundamente cogiendo el aire por la nariz y soltándolo por la boca. Yo lo hago primero para que veas como es y luego tú.
- ...
- Mira, así. [Inspira. Expira. Inspira. Expira.]
[Y de repente me doy cuenta de que estoy tumbada en el sofá con las piernas estiradas escuchando a una señora con mal de amores respirar profundo por el teléfono para que yo me relaje. De un salto me incorporo.]
- Oye, Elena, perdona, pero es que no tengo tiempo para relajaciones, tengo que seguir haciendo cosas.
- Bueno, vale, pues encantada.
- Venga, adiós.
martes, 28 de mayo de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Mousse de limón para resacosos
Un postre tan fácil de hacer que hasta mi amiga Carmela podría marcársela en un día cualquiera de resaca: mousse de limón para adictos a la comida basura que se pierden en su propia cocina.
Así que venga, ahora que empieza a hacer calorcito, invita a la suegra a comer y déjala con las patas colgando con esta espuma tan refrescante.
Ingredientes:
- 500 ml. de nata para montar muy fría (yo usé 400 ml.)
- 1 lata pequeña de leche condensada (algo más de media lata le puse. El resto me lo comí a cucharadas)
- el zumo de 4 o 5 limones (con menos de 4 a mí me sabe demasiado dulce)
- 4 hojas de gelatina (3)
Preparación:
1) Pon las hojas de gelatina a remojar en agua fría.
2) Monta la nata. Cuidado con pasarte, que se te corta.
3) Con ayuda de una lengua o una espátula, incorpora poco a poco y con movimientos envolventes la leche condensada. Cuidado de no bajar la nata. Yo aquí no me pasaría. Mejor añadirle luego más dulce que pasarnos.
4) Incorpora el zumo de limón y sigue mezclando. Aquí te digo lo mismo que con la leche condensada. Ve probándolo, que siempre es mejor rectificar y meterle más ácido que colarte y acabar con úlcera de estómago.
5) Para terminar de disolver la gelatina, yo le dejo un poquito de agua y le pego un calentón en el micro. En cero coma estará disuelta y lista para echársela al resto a la nata. Remueve bien y sirve en vasitos pequeños.
6) Deja reposar en la nevera hasta que cuaje y se intensifique el sabor.
Yo hice unas tejas de caramelo (azúcar fundida) y le pinché una a cada vasito. Cuando fui a meterle mano, el caramelo estaba derretido y le daba un puntazo al limón.
También puedes rallarle un poco de chocolate blanco o negro por encima o hacer una tarta con base de galletas molidas o probar con fresas o naranja o ponerle hierbabuena o qué se yo.
Llenar el vasito un poco menos también es buena idea
Así que venga, ahora que empieza a hacer calorcito, invita a la suegra a comer y déjala con las patas colgando con esta espuma tan refrescante.
Ingredientes:
- 500 ml. de nata para montar muy fría (yo usé 400 ml.)
- 1 lata pequeña de leche condensada (algo más de media lata le puse. El resto me lo comí a cucharadas)
- el zumo de 4 o 5 limones (con menos de 4 a mí me sabe demasiado dulce)
- 4 hojas de gelatina (3)
Preparación:
1) Pon las hojas de gelatina a remojar en agua fría.
2) Monta la nata. Cuidado con pasarte, que se te corta.
3) Con ayuda de una lengua o una espátula, incorpora poco a poco y con movimientos envolventes la leche condensada. Cuidado de no bajar la nata. Yo aquí no me pasaría. Mejor añadirle luego más dulce que pasarnos.
4) Incorpora el zumo de limón y sigue mezclando. Aquí te digo lo mismo que con la leche condensada. Ve probándolo, que siempre es mejor rectificar y meterle más ácido que colarte y acabar con úlcera de estómago.
5) Para terminar de disolver la gelatina, yo le dejo un poquito de agua y le pego un calentón en el micro. En cero coma estará disuelta y lista para echársela al resto a la nata. Remueve bien y sirve en vasitos pequeños.
6) Deja reposar en la nevera hasta que cuaje y se intensifique el sabor.
Yo hice unas tejas de caramelo (azúcar fundida) y le pinché una a cada vasito. Cuando fui a meterle mano, el caramelo estaba derretido y le daba un puntazo al limón.
También puedes rallarle un poco de chocolate blanco o negro por encima o hacer una tarta con base de galletas molidas o probar con fresas o naranja o ponerle hierbabuena o qué se yo.
Llenar el vasito un poco menos también es buena idea
Etiquetas:
limón,
mousse de limón,
nata,
postres,
recetas
Ubicación:
España
miércoles, 27 de marzo de 2013
Tronos y torrijas
La Semana Santa es un coñazo: aglomeraciones de gente, vueltas y más vueltas para buscar aparcamiento y talibanes coloquetis por culpa del incienso que se enfadan cuando les dices que quieres atravesar la calle.
Pero la Semana Santa tiene también dos ventajas gigantescas que nos hacen olvidar todo lo demás: las vacaciones y la comida.
Me encantan los buñuelos de bacalao y el arroz con leche es uno de mis postres favoritos, pero he pensado que mejor compartía con vosotros la receta ancestral de las torrijas de madre.
¿Por qué torrijas? Porque los ingredientes son baratunos y fáciles de encontrar, porque hacerlas está chupaera y porque con esta receta te quedarán unas torrijas buenísimas y ultraligeras.
Al llevar vinate en lugar de leche con azúcar, no quedan nada empalagosas, sino con un puntito ácido riquísimo que te alegra la vida.
Ingredientes:
- Una barra de pan duro (NO pan para torrijas ni pan de molde)
- Vino blanco para cocinar
- Un par de huevos batidos o tres
- Aceite para freír (de girasol va perfe)
- Azúcar y canela o miel, agua y cáscara de limón
1) Corta el pan en rebanadas no muy finas (2-3 cm.) y mójalas en el vino por los dos lados. El punto está en que queden jugosas y estupendas; ni babosas asquerosas ni sequeronas.
2) Pásalas por el huevo y échalas directamente en la sartén con el aceite caliente. Cuando se doren por un lado, dales la vuelta y dóralas por el otro.
3) Una vez fritas, ponlas en una fuente con una servilleta de papel para que absorba el aceite.
4) Cuando hayas acabado de freír todas las torrijas, sigue uno de estos dos pasos:
4.A) Si te gustan las torrijas de miel, pon en un cacito miel, una cáscara de limón, una ramita de canela y un poco de agua y caliéntalo hasta que se haga un almíbar un poco más ligero que la miel. Ve mojando las torrijas en el almíbar y colócalas en una fuente o cómetelas directamente.
4.B) A mí las de miel me empachan bastante, así que sin duda, esta es la opción correcta: mezcla en un plato hondo azúcar y canela en polvo al gusto. Reboza las torrijas calentitas en el azúcar y la canela. Colócalas en una fuente o zámpatelas del tirón.
Torrija de azúcar derretidita. Tan ligera tan ligera que me he comido cuatro de una sentada y en breve voy a por la quinta.
Pero la Semana Santa tiene también dos ventajas gigantescas que nos hacen olvidar todo lo demás: las vacaciones y la comida.
Me encantan los buñuelos de bacalao y el arroz con leche es uno de mis postres favoritos, pero he pensado que mejor compartía con vosotros la receta ancestral de las torrijas de madre.
¿Por qué torrijas? Porque los ingredientes son baratunos y fáciles de encontrar, porque hacerlas está chupaera y porque con esta receta te quedarán unas torrijas buenísimas y ultraligeras.
Al llevar vinate en lugar de leche con azúcar, no quedan nada empalagosas, sino con un puntito ácido riquísimo que te alegra la vida.
Ingredientes:
- Una barra de pan duro (NO pan para torrijas ni pan de molde)
- Vino blanco para cocinar
- Un par de huevos batidos o tres
- Aceite para freír (de girasol va perfe)
- Azúcar y canela o miel, agua y cáscara de limón
1) Corta el pan en rebanadas no muy finas (2-3 cm.) y mójalas en el vino por los dos lados. El punto está en que queden jugosas y estupendas; ni babosas asquerosas ni sequeronas.
2) Pásalas por el huevo y échalas directamente en la sartén con el aceite caliente. Cuando se doren por un lado, dales la vuelta y dóralas por el otro.
3) Una vez fritas, ponlas en una fuente con una servilleta de papel para que absorba el aceite.
4) Cuando hayas acabado de freír todas las torrijas, sigue uno de estos dos pasos:
4.A) Si te gustan las torrijas de miel, pon en un cacito miel, una cáscara de limón, una ramita de canela y un poco de agua y caliéntalo hasta que se haga un almíbar un poco más ligero que la miel. Ve mojando las torrijas en el almíbar y colócalas en una fuente o cómetelas directamente.
4.B) A mí las de miel me empachan bastante, así que sin duda, esta es la opción correcta: mezcla en un plato hondo azúcar y canela en polvo al gusto. Reboza las torrijas calentitas en el azúcar y la canela. Colócalas en una fuente o zámpatelas del tirón.
Torrija de azúcar derretidita. Tan ligera tan ligera que me he comido cuatro de una sentada y en breve voy a por la quinta.
lunes, 25 de marzo de 2013
Oídos sordos
Definitivamente, el concurso ha sido un desastre. Mi nulo talento para la música solo es comparable a la ineptitud de vuestros oídos. ¿El baúl de los recuerdos? ¿Los snorkels? ¿¿¿Summertime???
En serio, lo vuestro no tiene solución, así que invitaré a una cerveza al primero que me encuentre en la calle con los bolsillos llenos de dinero. Os advierto de que esto es casi más difícil que acertar la canción que os puse.
Venga, a ver si sois capaces de encontrar las siete diferencias. Con ver el primer minuto basta. A partir de ahí ni me sé la canción ni pienso aprendérmela.
Es Paseo en coche de caballos, de Mozart. Seguro que ahora sí que la habéis reconocido, ¿verdad? Para que luego digan que los jóvenes no tenemos cultura.
Y como es mi intención crearos ningún tipo de trauma a los que no sabéis ni siquiera quién era Mozart, aquí os dejo otra canción, ya fuera de concurso, que seguro que acertaréis.
En serio, lo vuestro no tiene solución, así que invitaré a una cerveza al primero que me encuentre en la calle con los bolsillos llenos de dinero. Os advierto de que esto es casi más difícil que acertar la canción que os puse.
Venga, a ver si sois capaces de encontrar las siete diferencias. Con ver el primer minuto basta. A partir de ahí ni me sé la canción ni pienso aprendérmela.
Es Paseo en coche de caballos, de Mozart. Seguro que ahora sí que la habéis reconocido, ¿verdad? Para que luego digan que los jóvenes no tenemos cultura.
Y como es mi intención crearos ningún tipo de trauma a los que no sabéis ni siquiera quién era Mozart, aquí os dejo otra canción, ya fuera de concurso, que seguro que acertaréis.
Para grabar el vídeo he seguido las indicaciones de un amigo que me
comentó que el anterior estaba bastante quemado y que con ese fondo
blanco parecía una perturbada retransmitiendo en directo desde el
psiquiátrico. Gracias por tus consejos.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Esto no es un videoblog
Veo muchos blogs que hacen concursos cada cierto tiempo y yo no podía ser menos.
Así que se me ha ocurrido grabarme mientras toco una canción con la flauta e invitar a una cerveza al primero que acierte el nombre de la cancioncilla.
Os advierto de que yo no sería capaz de adivinarla. De hecho, he buscado la canción en Youtube, la he escuchado varias veces y sigo sin encontrarle parecido con lo que yo toco.
!Ahí va!
!Ahí va!
miércoles, 16 de enero de 2013
Vómito de princesa
Hoy he salido a correr para no tener que salir corriendo a comprarme ropa dos tallas más grande.
Un rato antes me he zampado un tazón de afrecho con leche de soja y he debido de calcular mal los tiempos porque al cabo de unos minutos he empezado a notar cómo el salvado hacía él solito el camino de vuelta.
Me he parado en seco para vomitar una especie de yogurcillo integral que no tenía para nada mala pinta.
[Ingredientes para hacer yogur casero. Si no os gusta la leche de soja podéis probar con leche de vaca. Es muy importante que el salvado sea "extra eficacia".]
Eso mismo han debido pensar unos gourmets que se han acercado cucharilla en mano y han acabado con mi creación en cuestión de segundos: "Mmmnnnn... delicioso", "Nuestra flora intestinal lo agradecerá", "¡Oh! ¡Qué textura!", "Qué suavidad, cómo se desliza por la garganta".
[Yoghourt comercial que no tiene nada que ver con el yogur integral natural.]
Es la segunda vez que vomito en menos de un mes.
La primera fue la noche que salí en Navidades.
Me empecé a encontrar mal de repente, justo cuando iba a pedirme una cerveza. El hermano de una amiga me miró y supo que teníamos poco tiempo para sacarme de allí. Lo supo no porque sea un chico muy intuitivo, que igual lo es, sino más bien por la cara de muerta viviente que yo tenía.
No nos dio tiempo buscar un callejón oscuro (para vomitar, mal pensados, para vomitar), así que empecé a largar en primer portal que pillé.
Mientras devolvía buches de felicidad me sorprendía a mí misma porque lo que salía de mi boca era ginebra pura: sin color, sin tropezones y con olor a colonia. Auténtico vómito de princesa. Fantástico.
[Ejemplo de princesas que vomitan agua.]
Menos fantástico es que el hermano de tu amiga, al que acabas de conocer, te tenga que sujetar la cabeza mientras llamas a Juan. Esto más bien es vergonzoso.
Para cuando hube terminado mi amiga ya estaba fuera prestando apoyo logístico y antes de que nos diésemos cuenta, su hermano buenagente ya había parado un taxi y nos había lanzado dentro de un puñao. Dos lastres menos.
Pero mi estómago seguía lleno de ginebra ansiosa por ver mundo y yo, que he recibido una educación exquisita aunque en mi vida diaria lo disimule bastante bien, abrí la ventanilla y asomé la cabeza para que no cayese nada dentro del coche.
Mientras potaba en modo cascada escuchaba comentarios de los viandantes: "¡Mira, mira esa tía!", "¡Qué ascoooooo!", "¡Está vomitandooooooo!". "¡Aaaaarrrrgggghhhh!".
Vaya, como si ellos no hubiesen vomitado nunca. ¡Ja!
Intenté ser lo más discreta posible, pero el taxista, que era joven y serio, se dio cuenta del caño de colonia.
Nos bajó y empezó a gritarnos que él estaba trabajando, que estaba hasta los huevos de que le vomitasen en el coche, joder, que ahora le íbamos a pagar 100€, no, la carrera completa, no, 100€ que es lo que vale limpiar la tapicería, que si tú te encuentras mal me avisas y yo paro, que solo pensáis en salir y beber mientras yo trabajo de noche, que ahora va a oler todo a pota y voy a tener que ir a lavar el coche para poder seguir trabajando, hostia.
Y ahí ya sí que no. No, no y no. Esto no es pota, caballero, esto es vómito de princesa, que nosotras no somos unas chungas, que somos personas decentes con nuestros trabajos y... y, bueno, ahora mismo trabajo no, que está la cosa muy mal para todos, ya ve usted, pero que somos decentes y honradas y en seguida le limpiamos el coche con un par de clínex. Pero, pero, si mire, si no ha caído ni una gota de salivilla.
Si es que lo he hecho muy bien. No le he avisado porque no podía hablar, hombre, pero he abierto la ventanilla a tiempo y como era todo ginebra no ha quedado rastro ni por dentro ni por fuera. ¿Lo ve?
Bueno, pues ya que nos hemos bajado nos quedamos aquí, que yo ya me encuentro bien y nos vamos a comer un par de showarmas. ¿Qué le debemos? 6€. Aquí tiene, y lo siento. No, mujer, más lo siento yo, que me he puesto hecho un energúmeno. No pasa nada, usted está trabajando y estas cosas dan coraje, que hay mucha niñata suelta. Sí, sí, hay mucha niñata suelta. Pero nosotras no somos una niñatas. Ya, ya lo sé, pero es que no sé qué me ha pasado que me he puesto muy nervioso y tú estabas mala... No se preocupe, venga, buenas noches y que se le dé bien la jornada. ¡Buenas noches!
Un rato antes me he zampado un tazón de afrecho con leche de soja y he debido de calcular mal los tiempos porque al cabo de unos minutos he empezado a notar cómo el salvado hacía él solito el camino de vuelta.
Me he parado en seco para vomitar una especie de yogurcillo integral que no tenía para nada mala pinta.
[Ingredientes para hacer yogur casero. Si no os gusta la leche de soja podéis probar con leche de vaca. Es muy importante que el salvado sea "extra eficacia".]
Eso mismo han debido pensar unos gourmets que se han acercado cucharilla en mano y han acabado con mi creación en cuestión de segundos: "Mmmnnnn... delicioso", "Nuestra flora intestinal lo agradecerá", "¡Oh! ¡Qué textura!", "Qué suavidad, cómo se desliza por la garganta".
[Yoghourt comercial que no tiene nada que ver con el yogur integral natural.]
Es la segunda vez que vomito en menos de un mes.
La primera fue la noche que salí en Navidades.
Me empecé a encontrar mal de repente, justo cuando iba a pedirme una cerveza. El hermano de una amiga me miró y supo que teníamos poco tiempo para sacarme de allí. Lo supo no porque sea un chico muy intuitivo, que igual lo es, sino más bien por la cara de muerta viviente que yo tenía.
No nos dio tiempo buscar un callejón oscuro (para vomitar, mal pensados, para vomitar), así que empecé a largar en primer portal que pillé.
Mientras devolvía buches de felicidad me sorprendía a mí misma porque lo que salía de mi boca era ginebra pura: sin color, sin tropezones y con olor a colonia. Auténtico vómito de princesa. Fantástico.
[Ejemplo de princesas que vomitan agua.]
Menos fantástico es que el hermano de tu amiga, al que acabas de conocer, te tenga que sujetar la cabeza mientras llamas a Juan. Esto más bien es vergonzoso.
Para cuando hube terminado mi amiga ya estaba fuera prestando apoyo logístico y antes de que nos diésemos cuenta, su hermano buenagente ya había parado un taxi y nos había lanzado dentro de un puñao. Dos lastres menos.
Pero mi estómago seguía lleno de ginebra ansiosa por ver mundo y yo, que he recibido una educación exquisita aunque en mi vida diaria lo disimule bastante bien, abrí la ventanilla y asomé la cabeza para que no cayese nada dentro del coche.
Mientras potaba en modo cascada escuchaba comentarios de los viandantes: "¡Mira, mira esa tía!", "¡Qué ascoooooo!", "¡Está vomitandooooooo!". "¡Aaaaarrrrgggghhhh!".
Vaya, como si ellos no hubiesen vomitado nunca. ¡Ja!
Intenté ser lo más discreta posible, pero el taxista, que era joven y serio, se dio cuenta del caño de colonia.
Nos bajó y empezó a gritarnos que él estaba trabajando, que estaba hasta los huevos de que le vomitasen en el coche, joder, que ahora le íbamos a pagar 100€, no, la carrera completa, no, 100€ que es lo que vale limpiar la tapicería, que si tú te encuentras mal me avisas y yo paro, que solo pensáis en salir y beber mientras yo trabajo de noche, que ahora va a oler todo a pota y voy a tener que ir a lavar el coche para poder seguir trabajando, hostia.
Y ahí ya sí que no. No, no y no. Esto no es pota, caballero, esto es vómito de princesa, que nosotras no somos unas chungas, que somos personas decentes con nuestros trabajos y... y, bueno, ahora mismo trabajo no, que está la cosa muy mal para todos, ya ve usted, pero que somos decentes y honradas y en seguida le limpiamos el coche con un par de clínex. Pero, pero, si mire, si no ha caído ni una gota de salivilla.
Si es que lo he hecho muy bien. No le he avisado porque no podía hablar, hombre, pero he abierto la ventanilla a tiempo y como era todo ginebra no ha quedado rastro ni por dentro ni por fuera. ¿Lo ve?
Bueno, pues ya que nos hemos bajado nos quedamos aquí, que yo ya me encuentro bien y nos vamos a comer un par de showarmas. ¿Qué le debemos? 6€. Aquí tiene, y lo siento. No, mujer, más lo siento yo, que me he puesto hecho un energúmeno. No pasa nada, usted está trabajando y estas cosas dan coraje, que hay mucha niñata suelta. Sí, sí, hay mucha niñata suelta. Pero nosotras no somos una niñatas. Ya, ya lo sé, pero es que no sé qué me ha pasado que me he puesto muy nervioso y tú estabas mala... No se preocupe, venga, buenas noches y que se le dé bien la jornada. ¡Buenas noches!
lunes, 14 de enero de 2013
La madre de todas las cosas
Últimamente me ha dado por la panadería.
Lo de la cocina y la repostería viene de más lejos, pero lo de hacer pan es nuevo.
A principios de diciembre me dijeron en mi casa que por qué no hacía yo el roscón de Reyes este año. Me encantó la idea y no supe cómo no se me había ocurrido antes.
Me puse a buscar recetas como loca en Internet y rápidamente me topé con un artículo estupendísimo de El Comidista. Y ahí, en el apartado de "Roscón televisivo", estaba Robin Food.
Por supuesto fue el primer vídeo que me puse. Adoro a David de Jorge, me parto de la risa con él y no entiendo por qué ETB no emite en Andalucía.
Total, que junto a David estaba Ibán Yarza. Mi gran descubrimiento del año. Es imposible no quedarte prendada de él cuando lo escuchas hablar con esa dulzura sobre el pan. Fantástico.
El caso es que el roscón este año lo compramos de la pastelería porque tuve varios intentos fallidos, pero ya no me importa porque gracias al roscón he descubierto a Ibán.
Por fin este viernes me decidí a hacer una chapata y tengo que decir que me quedó riquísima.
[Obviamente le hice la foto a la hermana guapa.]
[¡Mira, mira qué miga tan esponjosa!]
[Llegar a casa a las 8 de la mañana y desayunar tu propio pan con zurrapas hechas por madre antes de irte a la cama no se paga con dinero.]
Los recortes los utilicé para hacer masa madre. O eso pensaba yo, porque resulta que cuando he llegado hoy al hogar, mi señor padre, en un ataque de celos (aunque lo niegue), la había utilizado para hacer lo que según él es masa de empanada.
[Doy fe de que el relleno está bueno. De la masa de momento prefiero no hablar.]
Para evitar conflictos familiares, he hecho masa madre (dos cucharadas de harina integral y agua hasta formar una papilla) y esta vez he avisado a todo el mundo de que no toquen MI BOTE.
[El BOTE]
Ya os contaré cómo evoluciona la criatura.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
