miércoles, 16 de enero de 2013

Vómito de princesa

Hoy he salido a correr para no tener que salir corriendo a comprarme ropa dos tallas más grande.

Un rato antes me he zampado un tazón de afrecho con leche de soja y he debido de calcular mal los tiempos porque al cabo de unos minutos he empezado a notar cómo el salvado hacía él solito el camino de vuelta.


Me he parado en seco para vomitar una especie de yogurcillo integral que no tenía para nada mala pinta. 




[Ingredientes para hacer yogur casero. Si no os gusta la leche de soja podéis probar con leche de vaca. Es muy importante que el salvado sea "extra eficacia".]



Eso mismo han debido pensar unos gourmets que se han acercado cucharilla en mano y han acabado con mi creación en cuestión de segundos: "Mmmnnnn... delicioso", "Nuestra flora intestinal lo agradecerá", "¡Oh! ¡Qué textura!", "Qué suavidad, cómo se desliza por la garganta".




[Yoghourt comercial que no tiene nada que ver con el yogur integral natural.]


Es la segunda vez que vomito en menos de un mes. 
La primera fue la noche que salí en Navidades. 

Me empecé a encontrar mal de repente, justo cuando iba a pedirme una cerveza. El hermano de una amiga me miró y supo que teníamos poco tiempo para sacarme de allí. Lo supo no porque sea un chico muy intuitivo, que igual lo es, sino más bien por la cara de muerta viviente que yo tenía.

No nos dio tiempo buscar un callejón oscuro (para vomitar, mal pensados, para vomitar), así que empecé a largar en primer portal que pillé. 
Mientras devolvía buches de felicidad me sorprendía a mí misma porque lo que salía de mi boca era ginebra pura: sin color, sin tropezones y con olor a colonia. Auténtico vómito de princesa. Fantástico. 




               [Ejemplo de princesas que vomitan agua.]


Menos fantástico es que el hermano de tu amiga, al que acabas de conocer, te tenga que sujetar la cabeza mientras llamas a Juan. Esto más bien es vergonzoso.

Para cuando hube terminado mi amiga ya estaba fuera prestando apoyo logístico y antes de que nos diésemos cuenta, su hermano buenagente ya había parado un taxi y nos había lanzado dentro de un puñao. Dos lastres menos.

Pero mi estómago seguía lleno de ginebra ansiosa por ver mundo y yo, que he recibido una educación exquisita aunque en mi vida diaria lo disimule bastante bien, abrí la ventanilla y asomé la cabeza para que no cayese nada dentro del coche.
Mientras potaba en modo cascada escuchaba comentarios de los viandantes: "¡Mira, mira esa tía!", "¡Qué ascoooooo!", "¡Está vomitandooooooo!". "¡Aaaaarrrrgggghhhh!".
Vaya, como si ellos no hubiesen vomitado nunca. ¡Ja!


Intenté ser lo más discreta posible, pero el taxista, que era joven y serio, se dio cuenta del caño de colonia. 

Nos bajó y empezó a gritarnos que él estaba trabajando, que estaba hasta los huevos de que le vomitasen en el coche, joder, que ahora le íbamos a pagar 100€, no, la carrera completa, no, 100€ que es lo que vale limpiar la tapicería, que si tú te encuentras mal me avisas y yo paro, que solo pensáis en salir y beber mientras yo trabajo de noche, que ahora va a oler todo a pota y voy a tener que ir a lavar el coche para poder seguir trabajando, hostia.

Y ahí ya sí que no. No, no y no. Esto no es pota, caballero, esto es vómito de princesa, que nosotras no somos unas chungas, que somos personas decentes con nuestros trabajos y... y, bueno, ahora mismo trabajo no, que está la cosa muy mal para todos, ya ve usted, pero que somos decentes y honradas y en seguida le limpiamos el coche con un par de clínex. Pero, pero, si mire, si no ha caído ni una gota de salivilla. 

Si es que lo he hecho muy bien. No le he avisado porque no podía hablar, hombre, pero he abierto la ventanilla a tiempo y como era todo ginebra no ha quedado rastro ni por dentro ni por fuera. ¿Lo ve? 

Bueno, pues ya que nos hemos bajado nos quedamos aquí, que yo ya me encuentro bien y nos vamos a comer un par de showarmas. ¿Qué le debemos? 6€. Aquí tiene, y lo siento. No, mujer, más lo siento yo, que me he puesto hecho un energúmeno. No pasa nada, usted está trabajando y estas cosas dan coraje, que hay mucha niñata suelta. Sí, sí, hay mucha niñata suelta. Pero nosotras no somos una niñatas. Ya, ya lo sé, pero es que no sé qué me ha pasado que me he puesto muy nervioso y tú estabas mala... No se preocupe, venga, buenas noches y que se le dé bien la jornada. ¡Buenas noches!


lunes, 14 de enero de 2013

La madre de todas las cosas


Últimamente me ha dado por la panadería.
Lo de la cocina y la repostería viene de más lejos, pero lo de hacer pan es nuevo. 

A principios de diciembre me dijeron en mi casa que por qué no hacía yo el roscón de Reyes este año. Me encantó la idea y no supe cómo no se me había ocurrido antes.

Me puse a buscar recetas como loca en Internet y rápidamente me topé con un artículo estupendísimo de El Comidista. Y ahí, en el apartado de "Roscón televisivo", estaba Robin Food

Por supuesto fue el primer vídeo que me puse. Adoro a David de Jorge, me parto de la risa con él y no entiendo por qué ETB no emite en Andalucía.
Total, que junto a David estaba Ibán Yarza. Mi gran descubrimiento del año. Es imposible no quedarte prendada de él cuando lo escuchas hablar con esa dulzura sobre el pan. Fantástico.

El caso es que el roscón este año lo compramos de la pastelería porque tuve varios intentos fallidos, pero ya no me importa porque gracias al roscón he descubierto a Ibán.

Por fin este viernes me decidí a hacer una chapata y tengo que decir que me quedó riquísima. 



                      [Obviamente le hice la foto a la hermana guapa.]



                           [¡Mira, mira qué miga tan esponjosa!]


                [Llegar a casa a las 8 de la mañana y desayunar tu propio pan con zurrapas hechas por madre antes de irte a la cama no se paga con dinero.]

Los recortes los utilicé para hacer masa madre. O eso pensaba yo, porque resulta que cuando he llegado hoy al hogar, mi señor padre, en un ataque de celos (aunque lo niegue), la había utilizado para hacer lo que según él es masa de empanada. 


  
  [Doy fe de que el relleno está bueno. De la masa de momento prefiero no hablar.]


Para evitar conflictos familiares, he hecho masa madre (dos cucharadas de harina integral y agua hasta formar una papilla) y esta vez he avisado a todo el mundo de que no toquen MI BOTE.



                                      [El BOTE]


Ya os contaré cómo evoluciona la criatura.